CUESTION
DE CINTURA
Se define por la acumulación
de grasa abdominal y otros factores de riesgo
cardiovascular. Lo llaman síndrome
metabólico, y lo sufre uno de cada
cuatro adultos. Bajar de peso, moverse y llevar
una dieta equilibrada son los pilares para desactivar
esta bomba de tiempo para el corazón
La
sabiduría popular lo ha bautizado de distintas
formas salvavidas, flotador, rollo abdominal
y viene condenándolo desde tiempo inmemorial.
Ahora, la ciencia confirmó lo que todos sospechaban:
a la altura del ombligo, y sin contener el aliento,
los varones no deben acusar más de 102
centímetros y las mujeres, 88. De lo
contrario, se está a las puertas de una enfermedad
de nombre difícil que afecta ya al 25% de
la población mundial y promete extenderse:
el síndrome metabólico, una constelación
de síntomas (ver recuadro) que al exceso
de grasa abdominal suma alteraciones en los lípidos
(colesterol y triglicéridos), hipertensión
arterial y un fenómeno llamado resistencia
a la insulina, antesala de la diabetes y muy asociado
a la obesidad.
El doctor Carlos Borrego, que integra
el Servicio de Cardiología del hospital Italiano
de Buenos Aires y está a cargo de esa sección
en el Sanatorio San Lucas, de San Isidro, agrega
que la Federación Internacional de Diabetes
es aún más estricta y propone cinturas
por debajo de los 94 y 80 centímetros para
varones y mujeres, respectivamente, pero enfatiza
que más allá de medidas, el perímetro
abdominal es el signo más visible del problema,
y el que debe llevar a la consulta.
Lo cierto es que la cuestión
no depende solamente del centímetro sino
también de la forma en que los excesos se
distribuyen por el cuerpo. La grasa que se acumula
en el abdomen es la más peligrosa dice
Borrego y por eso las mujeres, que la concentran
en glúteos y piernas, suelen estar más
protegidas que los hombres, aunque después
de la menopausia, al variar la distribución
corporal de la grasa, ambos sexos suelen equiparar
sus riesgos.
El paso del tiempo no perdona: el
doctor Sydney Smith Jr., presidente del Consejo
de Asesores de la Federación Mundial del
Corazón de los Estados Unidos, dijo hace
pocos días que a medida que envejecemos y
cada 16 años triplicamos el riesgo de enfermedades
cardiovasculares. Durante la última reunión
del Colegio Americano de Cardiología, en
Atlanta, Sydney Smith Jr. aclaró también
que no es lo mismo tener apenas algunos centímetros
de más que esos grandes excesos: cada
vez que el abdomen supera 14 centímetros
lo deseable, el riesgo cardiovascular aumenta entre
un 21 y 40 por ciento.
A la hora de hacer cuentas, todo parece
indicar una gran pérdida para la salud: quienes
sufren el síndrome metabólico están
en altísimo riesgo de morir de un infarto
(el doble que la población sana), y tres
veces más de sufrir un ataque cardíaco
o cerebral. Si es que ya no sufren diabetes, los
afectados se exponen ¡cinco veces más!
a esta enfermedad.
Hubo varios integrantes de mi familia
que sufrieron de diabetes. Yo pensé que iba
a ser mi único problema cuando me la diagnostircaron,
pero de inmediato el médico me informó
que tenía un alto nivel de triglicéridos
y colesterol, por lo que debía estar más
atento aun, se lamenta Rodolfo A., de 52 años,
que tiene problemas en su trabajo porque falto seguido,
a causa de mi enfermedad.
Para Susana F. (48), las cosas son
diferentes. Decidió ocuparse a tiempo del
problema: La acumulación de grasa abdominal
era terrible. Cuando me subía a la balanza,
me desesperaba. Ni hablar de los resultados de mis
análisis de laboratorio. Empecé a
cuidarme en serio en las comidas, y a hacer ejercicio.
Ahora estoy tratando de abandonar el cigarrillo.
Asociado a la mala alimentación
y el sedentarismo, el síndrome metabólico
se extiende no sólo entre la población
adulta sino que también afecta a adolescentes
y niños. En la Argentina, el panorama no
parece más alentador: un reciente estudio
mundial que convocó a más de 3000
pacientes locales llamado Día Internacional
de Evaluación de la Obesidad Abdominal (IDEA,
por su sigla en inglés) determinó
que el 42% de las mujeres y el 40% de los varones
excedían los valores de cintura apropiados.
A su vez, el 61% de las mujeres y el 77% de los
varones tenían kilos de más.
Rumbo
a la solución
No existe un tratamiento único
para el síndrome metabólico. El ejercicio
físico es un eje crucial, ya que disminuye
la resistencia a la insulina y permite que las células
utilicen mejor esta hormona, reguladora del metabolismo
de los azúcares (glucosa) en la sangre. Moverse,
además de ayudar a verse mejor y levantar
el ánimo, previene el aumento de peso.
Hay un tratamiento social: fomentar
estilos de vida más sanos dice el doctor
Borrego y un tratamiento individual, que se basa
en mejorar la alimentación, bajar de peso,
no fumar y tratar farmacológicamente el factor
de riesgo que esté sobreexpresado: hipolipemiantes
para disminuir el colesterol y los triglicéridos,
antihipertensivos para la presión arterial
o drogas para combatir la resistencia a la insulina.
También se cifran esperanzas
en fármacos que, además de sus acciones
terapéuticas específicas, sumen otros
efectos positivos. Tenemos diferentes tratamientos
efectivos para enfrentar los componentes individuales
del síndrome metabólico, pero necesitamos
«tacklear» los factores de riesgo en
conjunto, dijo el profesor Ted Kurtz, de la Universidad
de California, en Estocolmo, Suecia, durante el
último Encuentro Anual de la Sociedad Europea
de Cardiología, realizado en Estocolmo, Suecia.
El especialista presentó resultados alentadores
aunque preliminares sobre el uso de una droga de
la familia de los sartanes, contra el síndrome
metabólico.
El cardiólogo del hospital
Italiano explica que a su capacidad para disminuir
la presión arterial los sartanes parecen
sumar la acción sobre el metabolismo glúcido
y aumentarían la sensibilidad de la célula
a la insulina, aunque las conclusiones del estudio
que permitirá confirmarlo se conocerán
entre el próximo año y 2007. También
las estatinas, utilizadas para disminuir el colesterol,
han mostrado tener un plus terapéutico inesperado:
disminuyen los procesos inflamatorios que favorecen
la obstrucción de las arterias con placas
de grasa (ateromas) y, en este sentido, tendrían
más potencial cardioprotector del inicialmente
esperado. Sin embargo, los especialistas insisten
en empezar por el principio: el compromiso de cuidarse,
moverse y comer bien mucho antes que echar mano
del botiquín. V. S.
Identikit
del agresor
El síndrome metabólico
se caracteriza por obesidad abdominal (cintura
por encima de los 102 centímetros en el varón
y 88 en la mujer) más dos de los siguientes
factores:
* Triglicéridos
superiores a 150 mg/dl
* Colesterol HDL (bueno) menor de 40 mg/dl en hombres
y 50 mg/dl en mujeres
* Presión arterial superior a 130/85 mm Hg
* Glucosa en ayunas superior a 100 mg/dl (indica
resistencia a la insulina)
Fuente: Diario La Nación